
Primero se presentaron como dos viejos amigos. Uno presidente, Mauricio Macri; el otro Premio Nobel de Literatura -y alguna vez candidato derrotado al gobierno de su paÃs-, Mario Vargas Llosa. La cita fue en la Casa de América en Madrid y los reunió la Fundación Libertad, que trabaja «por el Estado de Derecho y el Libre Mercado».
Entraron sin corbata y a tutearse, según contó el escritor peruano que, esta vez, era el encargado de hacer la entrevista. Los presentó Gerardo Bongiovanni, presidente de esa Fundación.
Fue una hora exacta en la que pasaron sobre la situación de Argentina, de Estados Unidos y de Venezuela y Macri quedó colocado a la izquierda de su interlocutor, recordando cómo Venezuela recibió refugiados en la dictadura argentina y responsabilizando de los males de hoy al despilfarro y la corrupción anteriores a Chávez. No se habló de errores, de contramarchas, de problemas aunque, admitió el Presidente, «lo que falta es enorme».
«Argentina sigue, a los ojos del mundo, teniendo un lugar de liderazgo que el mundo espera que ocupe. El mundo necesita paÃses que lleven la estela del progreso adelante», planteó el argentino.
¿Qué cambió en este tiempo? Macri sostuvo que «no se discutÃa con los números sobre la mesa, te decÃan ‘esto no es una mesa, es un auto’. Hicimos los números y dio que uno de cada tres argentinos está en la pobreza. Hay que trabajar para reducir la pobreza, no negarla».
Atento a la coyuntura argentina, el peruano preguntó si convenÃa una polÃtica gradual o una de shock. «Estamos yendo en forma gradual, estoy convencido de eso y soy el que toma las decisiones», sostuvo el argentino. Y dijo que lo que habÃa sido más difÃcil fue levantar el cepo cambiario. «No faltaban dólares, era una cuestión de miedo. La gente tiene dólares debajo del colchón para que no le roben con la inflación».
Con un temario preparado, Vargas Llosa preguntó sobre lo que pasa en Estados Unidos a partir del triunfo de Donald Trump. ¿El antinorteamericanismo, el marxismo, tendrá un rebote en América latina? ¿Y qué efectos tendrán las polÃticas de Trump?
«La etapa que nos toca por delante es contraria a la ideologización», dijo el argentino. «El individualismo de la tecnologÃa es contrario a los movimientos de masas y los liderazgos mesiánicos. Lo que recorre el mundo, y es una fuerza que no se puede desestimar, es el miedo». El miedo dijo, a la desprotección, a no tener trabajo. «¿La tecnologÃa va a genera más trabajo? No se sabe. Quizás vamos a un mundo en que menos gente trabaje en cuestiones productivas y más en contención social. Ese miedo genera elecciones, como el brexit».
Vargas Llosa planteó que lo que pasa en Brasil «que algunos ven como una retracción reaccionaria» es en realidad «un movimiento contra la corrupción, para regenerar la democracia, a la que el grueso del público ve como algo podrido, destruido por la corrupción».
Macri estuvo de acuerdo. Y cuando se dijo la palabra «Odebrecht» apoyó sin dudas a Gustavo Arribas, sin nombrarlo. «Han querido golpear a un funcionario mÃo absurdamente», dijo.
«Nada contribuyó tanto a conocer la corrupción como Odebrecht, vamos a tener que hacerle un monumento», ironizó.
Vargas Llosa avanzó: «Yo crecà en un mundo donde la gran división era entre los que apoyaban los golpes militares, por un lado, y por otro la revolución. Una izquierda que no creÃa en la democracia, creÃa en la revolución, el socialismo. Ha habido un desencanto de la derecha que creÃa en golpes militares e izquierda que ha tenido fracasos enormes. Eso le dio una chance a la democracia muy grande. Ya el conflicto en América latina no es entre golpes militares o revolución mesiánica sino entre las democracias débiles con corrupción que socavan el proceso democratizador. ¿Crees que es exacto?».
-SÃ. Lo que buscaron los gobiernos populista con grandes batallas simbólicas fue esconder la incapacidad -hicieron más daño con lo que hicieron por incapacidad que con lo que robaron-. No supieron hacer un plan de desarrollo, saber cuáles son las prioridades, saber conectarse. Argentina desarrolló casi nada su infraestructura, tuvo un montón de dinero y no lo supo canalizar.
-Venezuela deberÃa tener los niveles de vida de Suecia o Suiza por sus recursos. ¿Qué hacen gobiernos como el tuyo para ayudar a los venezolanos?- preguntó Vargas Llosa.
-Se comprueba que siempre hay un escalón más hacia el infierno. Hace un año parecÃa que no podÃan estar peor y hoy están peor. Están en una situación terrible. Aun hay dirigentes importantes que caen en eufemismos, esperar el proceso eleccionario, dos años más.. Pero es un paÃs quebrado internamente que impide salir de esta situación.
Macri contesta con cuidado. «Los suspendimos del Mercosur con gran esfuerzo, pero lo único que hace eso es potenciar el aislamiento de Venezuela» Pero comparte con Vargas Llosa en que algo que hay hacer: «Y se los debo a los venezolanos, Venezuela y España fueron de los paÃses que más acogieron a quienes se tuvieron que exiliar en la dictadura militar».
«El chavismo va a vacunar a los venezolanos contra las utopÃas sociales», dice -triste- el autor de «Conversación en la Catedral». Macri responde: «Chávez llegó después de años de gobiernos que en esa opulencia en vez de resolver los problemas de Venezuela dieron lugar a la corrupción y al derroche».
– Mauricio, tuvieron cinco oportunidades y votaron por Chavez…
Y ahà Macri dice su frase: «El populismo con dinero es difÃcil, es difÃcil explicarles a los ciudadanos que se está consumiendo futuro, que hay que mirar un poco más lejos». Y cambia de tema, habla de amor: «En Venezuela hay que apostar al amor. Nosotros dos apostamos al amor siempre…», dice con guiño.
La charla sigue por los caminos conocidos: la cultura, el amor de Vargas Llosa por la cultura argentina, el peronismo. «Hubo un gran lÃder que trascendió la frontera, Perón. En mi interpretación el mejor Perón fue el que volvió y ese no pudo explayar sus ideas. Ese Perón habÃa entendido cómo funcionaba el mundo. Dejó frases que el peronismo después no aplicó. Como que la estrella polar de un paÃs tiene que ser la productividad. Que cada argentino tiene que generar por lo menos lo que consume. Los que vinieron después predicaron que habÃa que trabajar cada vez, menos, cultivar la cultura del atajo».
-¿Se está librando la Argentina del peronismo?
-En la Argentina como decÃa Perón son casi todos peronistas. Pero creo que el peronismo está entendiendo. TodavÃa falta comprensión de la austeridad, de la racionalización. Pero antes vivÃamos en el realismo mágico permanente.











