Encuentros decisivos sin jerarquía

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Lo mismo de siempre. Cuando hay partidos decisivos y se tiene que demostrar de qué estamos hechos, las piernas tiemblan. Cristal quiso definir de local su clasificación y no pudo. Áurich en su casa tenía la gran oportunidad y obligación de ganar para clasificar y dejar en el camino al poderoso River Plate…, y tampoco pudo. Estas son las cosas que tiene el fútbol peruano. Primero se le gana a Rácing en Argentina, pero no puede confirmar su momento en casa. Otro día se empata heroicamente con River en el Monumental pero no puede mantener una ventaja ante los mexicanos (que jugaron con suplentes y muchos juveniles), y sellar una histórica clasificación de un equipo provinciano. ¿Miedo? ¿Falta de jerarquía?, ¿ambas cosas?, puede ser. Lo único cierto es que pasa siempre.

Lo del cuadro cervecero fue de más a menos. Empezaron la Copa con buen juego, pasando por encima al Guaraní paraguayo en casa ajena, en juego pero no en resultado, porque cuando pudo haber regresado con 3 puntos y una goleada auspiciosa, se conformó con un solo punto, permitiendo –y esto es lo peor- que los paraguayos se vayan llenando de confianza, y sean al final los justos acompañantes de Racing a la siguiente etapa. Cristal no ganó un solo partido de local y eso siempre pesa. En este tipo de competencias ganar en casa es vital, si no lo haces, estas son las consecuencias. Y aunque su DT, Daniel Ahmed, asuma responsabilidad por el fracaso, es claro que la jerarquía de los jugadores es lo que marca la diferencia. Cristal no contó con este tipo de equipistas. Guaraní sí. Y sin ser un “histórico” como otros, le bastó con llenarse de confianza y un “sí se puede”. Y pudo.

Lo del Juan Áurich de Chiclayo terminó siendo un poco más meritorio, aunque el resultado final haya sido el mismo. Inició su ruta copera con una derrota por goleada en México. Todos pensamos que esta participación en Copa Libertadores sería modestísima. Sin embargo, los chiclayanos, contra todo pronóstico, lucharon por la clasificación hasta el último partido. Pero como he dicho, la falta de convicción, confianza, en resumen, la tan mentada jerarquía, hizo que su participación sea recordada sólo como meritoria. Y el “casi” otra vez apareció. Esto no sucedió con River. Los argentinos, acostumbrados a este tipo de lides, demostraron su jerarquía y cuando tenían que ganar el partido decisivo, lo hicieron. Así de simple. Los nuestros no.

Conclusión: Adiós a la Copa Libertadores (una vez más), y ahora a pensar en el torneo local y buscar el título. Gran consuelo. Y aquí, Cristal volverá a ser “un grande”, lo demostrará, ganará los partidos que tiene que ganar y luchará por el título como siempre. Lo mismo con Áurich. Los chiclayanos tienen un buen equipo, buen técnico, una plaza difícil para cualquier visitante del medio (al parecer no para los extranjeros), y estará, sin duda peleando por una copa internacional, o quizá el título. Es nuestra realidad.

Renato Medina

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