De la Parroquia en Barrios Altos a la Universidad de Buenos Aires (1979-1989)

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Los de mi generaci√≥n amamos los ochenta. En los inicios de esa d√©cada, Lima era invadida por la m√ļsica de los Bee Gees, Kiss, Michael Jackson y fotos de Travolta que impon√≠a formas de vestir y peinarse. Tambi√©n eran populares por los Barrios Altos discos de salsa o chicha como Pap√° Chacal√≥n. A fines de los ochenta ser√≠a la salsa sensual y las baladas, lo que atrapar√≠a a los lime√Īos y ‚ÄúRBC la Estaci√≥n‚ÄĚ o ‚ÄúRadio Mar Super Plus‚ÄĚ invad√≠an mi casa y la de mis vecinos.

La disciplina casi militar en mi alma mater ‚ÄúLa Merced‚ÄĚ, los desfiles patrios y h√°bitos religiosos marcaron mi adolescencia. No fui un mal alumno, s√≥lo dir√© que para ‚Äúverg√ľenza familiar‚ÄĚ de algunos sobrinos conservo un diploma por ‚Äú1er puesto en conducta en 4to a√Īo de secundaria‚ÄĚ. (Admito haber sido tranquilo pero no nerd‚Ķja ja ja) En la camisa de la promo 80 de primaria recuerdo la imagen de Kiss, pero en la de secundaria promo 85, siempre mercedario, aparecer√≠a Soda Stereo, pues siempre am√© el rock argentino.

¬ŅCu√°ndo le entrar√° la pretensi√≥n? ¬°Siempre con la misma ropa¬°‚Ķsuspiraba mi madre algunas veces. Ten√≠a pocos amigos del barrio, odiaba ir a fiestas o bailar  y mi mundo era leer mucho y escuchar radio. Ten√≠a 11 a√Īos y ni la ropa ni el f√≠sico me interesaban. Una de mis pasiones era la lectura de los tomos de todas las enciclopedias  que hab√≠a en casa, Llegu√© a leer casi toda la Biblia. La historia universal, la mitolog√≠a y biograf√≠as de ilustres atra√≠an mi atenci√≥n. Creo que eso me llevo a ser filatelista.  Mis corridas los domingos a las 8 de la ma√Īana al encuentro de coleccionistas en el Correo Central de Lima  e invertir mis propinas en estampillas  ocupaban mis ratos libres. A√ļn conservo un primer premio por ganar una exposici√≥n de estampillas de futbol que present√© en la Asociaci√≥n Filat√©lica Peruana. Esa entra√Īable colecci√≥n, que todav√≠a existe, seguro ser√° la herencia de mis nietos.

1980 fue un a√Īo  que marcar√≠a a mi familia. Con s√≥lo 18 a√Īos, mi hermano Javier que hab√≠a sido el Papa Noel de mis navidades, nos dej√≥ producto de un  fatal accidente. Mis padres nunca se recuperar√≠an de tremendo dolor. Fueron meses dif√≠ciles y vac√≠os solo llenados por la boda de mi hermano mayor y la nueva generaci√≥n de sobrinos que vendr√≠an. El mayor de ellos, el recontra travieso Oswaldito llenar√≠a de an√©cdotas infantiles nuestros d√≠as en casa. S√≥lo imag√≠nense que el angelito era caserito de la guardia del hospital del Barrio‚Ķ ¬°Tremendo¬°

S√°bados y domingos  en la Parroquia de Santa Ana con el temido pero generoso padre Alberto, fue donde aprend√≠ de jornadas grupales y a tener amigos. Memorizar preguntas y respuestas, participar en concursos y ver nuestros  nombres entre los ganadores en el bolet√≠n parroquial, llenaba de orgullo a la familia. Luego ser√≠a catequista de ni√Īos, vendr√≠an las misas y mis primeros pasos con la m√ļsica, los coros y la guitarra.

Como olvidar mis s√°bados parroquiales: 15 a 17 catequesis  y 18 a 21 mi grupo juvenil. Encuentros de formaci√≥n, peregrinaciones, campa√Īas de evangelizaci√≥n, chocolatadas, actividades barriales, liturgias y dem√°s, marcar√≠an mi agenda de ratos libres. Mi familia ya me ve√≠a como un futuro curita‚Ķ ja ja ja. El asiento de piedra de la puerta de la parroquia frente a la Plaza Italia es testigo de nuestras aventuras y desventuras juveniles. Aun hoy, despu√©s de 30 a√Īos, los chicos de JUMISA (Juventud Misionera Santa Ana)  siguen  con nost√°lgicos reencuentros. La vida nos llev√≥ por diversos caminos, pero el esp√≠ritu (y el whatsapp) nos re√ļne.

En 1986 reci√©n egresado de la secundaria, el destino quiso que una beca de estudios me trajera a Argentina. Mi madre aspiraba que uno de sus hijos estudie en el extranjero. Si bien mi vocaci√≥n era el periodismo, iba a estudiar programaci√≥n, carrera corta que en los 80 ser√≠a la revoluci√≥n de la √©poca. Pensaba quedarme 3 a√Īos y regresar a Lima para seguir mis estudios de periodismo. ¬°Vaya que las cosas resultaron muy diferentes¬°

Todav√≠a conservo el regalo de mis peque√Īos alumnos de catequesis de una de muchas despedidas. Nunca olvidar√© el adi√≥s con mis amigos de la parroquia  y de mi familia. Hubieron muchas l√°grimas, sue√Īos, deseos, abrazos, y momentos especiales. Fue un 17 de febrero de 1987, cuando part√≠ del Aeropuerto de Jorge Ch√°vez, un mes antes de mis 18 a√Īos, por lo que tuve que viajar con permiso de mis padres. Pens√© que pasar√≠a mi cumplea√Īos solo, pero mi madre lleg√≥ para darme una sorpresiva serenata, decenas de tarjetas, cartas, y casetes con saludos para celebrar juntos en mi nueva casa del porte√Īo barrio de Belgrano.

Viv√≠ cerca de cinco a√Īos en mi primera pieza de este aristocr√°tico barrio porte√Īo: lo √ļnico bueno era que Ciudad Universitaria me quedaba cerca, pero no contaba con el extremo clima capitalino: crudos inviernos con 0¬ļ o infernales veranos de 40¬ļ. La ‚ÄúPensi√≥n de Anita‚ÄĚ ubicada en un Ph, ten√≠a de vecinos a jubilados que adoptaban una pandilla de gatos que muchas veces com√≠an mejor que los pensionados. La humedad del vecindario era tal que afuera de esa casa se sent√≠a menos frio y m√°s calor. Fueron pocos los estudiantes que soportamos los d√≠as en esa pensi√≥n: si atras√°bamos el pago mensual, Anita repet√≠a la √ļnica comida del d√≠a. Pod√≠amos pasar m√°s de 15 d√≠as comiendo arroz con queso‚Ķ ja ja ja, √©poca de estudiantes.

Inolvidables ser√°n mis viajes en la oscuridad y el fr√≠o de las 6 de la ma√Īana al pabell√≥n 3 de Ciudad Universitaria al lado del rio: sin sacarme el pijama, camper√≥n y frazada como un poncho para recibir mis clases del CBC de estad√≠stica o matem√°ticas.

Anita irlandesa, delgada, de grandes lentes, canosa y refunfu√Īona; hablaba spanglish pero con sus 70 a√Īos vaya si se hac√≠a entender. Recta, frontal, fr√≠a pero muy sensible, creo que fui el √ļnico peruano que adopt√≥. Su bandeja con sopa caliente, pan, frutas y dem√°s que me esperaba en mi pieza por las noches luego de mis jornadas de estudio o trabajo todav√≠a la extra√Īo. ¬ŅCu√°ndo dejar√° propina para el cartero? ¬°Le escribe todo el Per√ļ¬° me dec√≠a. Y si. Al principio recib√≠a much√≠simas cartas a diario, de los afectos que hab√≠a dejado en la patria.

Adem√°s del clima muy diferente al de Lima, aprender nuevos usos y costumbres, y hasta palabras no fue f√°cil. En esos a√Īos no exist√≠an los restaurantes peruanos y hab√≠a que saborear lo que hab√≠a. Tuve la suerte de conseguir mi primer trabajo como cadete a metros del lugar donde viv√≠a. Gracias a Don Eduardo, porte√Īo, ateo y socialista, fue el hombre m√°s honesto y correcto que conoc√≠ en mi vida. Me explic√≥ mucho del barrio, de pol√≠tica, de historia y del pensamiento de los argentinos. En esos a√Īos encontrar un peruano era tan raro como cruzarse con un vietnamita. La poblaci√≥n peruana no llegaba a los 4 mil en toda Argentina. Luego en los noventa vendr√≠an las olas de compatriotas que hu√≠an de la crisis peruana.

Sab√≠a que para extra√Īar menos deb√≠a de continuar mi rutina lime√Īa en Bs As. Por eso apenas llegu√©, no pas√≥ una semana hasta que descubr√≠ lo que ser√≠an mis primeros grupos juveniles en Bs As. Los jueves encuentros del grupo de oraci√≥n con el padre Pepe en la Iglesia la Redonda de Belgrano. S√°bados y domingos, luego de un regular viaje al norte de la provincia de Bs As, la Parroquia de Santa Maria Reina de Munro era mi cita obligada. Recib√≠ mucho afecto de j√≥venes amigos argentinos que supieron recibirme. Y pensar que juntos llegamos caminando a la Bas√≠lica de Luj√°n un par de veces‚ĶSi bien el mate y el tango no me enamoraron, si otras razones me terminaron de convencer.

Siempre recuerdo cuando mi madre me dijo que decidiera retornar o aprendiera a mantenerme s√≥lo en Buenos Aires.  Jam√°s lo dud√©. Le agradec√≠ y acept√© el desaf√≠o. Creo que no me equivoqu√©. Tuve que renunciar a muchas cosas valiosas en Per√ļ. Pero sab√≠a que ten√≠a desaf√≠os en Argentina.

Los caballeros no tenemos memoria, las historias  rom√°nticas que las hubo las dejaremos de lado. Vivir los noventa en Argentina fue un gran reto. Cada dos gobiernos el tercero es de una crisis, cada diez a√Īos la Argentina entra en shock. Era 1989 y se escuchaban esas voces. Hoy 2019 parece que nada cambio. Pero eso ser√° parte de una nueva historia‚Ķ

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